Polarización Cero: CQ Radio
¿Cuántos radioaficionados están realmente activos?
A raíz del examen de los resultados publicados sobre uno de los más concurridos concursos del año, el CQ DX WW SSB 2001, surge una pregunta para la que no he encontrado una respuesta fácil. ¿Cuántos radioaficionados «somos», en realidad? ¿Y cuántos permanecemos «activos»? La pregunta, planteada en estos términos, no tiene una sola respuesta, clara y concisa.
Los criterios para determinar, aún de forma grosera, el número de estaciones «activas» —que no el número total de licencias, que esa es otra consideración— son demasiado variados. Empecemos porque no hay estadísticas completamente fiables, ya que en algunos casos las cifras de determinados países cuentan el número de socios de la asociación nacional mayoritaria; en otros casos, y arguyendo la peregrina justificación de que esos datos contienen información personal «reservada», ciertos países se niegan a facilitar listados de licenciados, todo lo cual, añadido a otros problemas menores, hace muy difícil dar una cifra, siquiera aproximada, del total de licencias activas.
Véase, por ejemplo, los números que aparecen en el apartado de Census del Callbook en CD-ROM: mientras a España (EA más EA6, EA8 y EA9) se le reconocen 19.573 licencias, la Secretaría de Comunicaciones declara algo más de 68.000 radioaficionados (aparte el cuarto de millón largo de licencias de CB).
¿Cómo es posible? ¿De dónde proviene tamaña discrepancia? Ahora que se aproxima la fecha de la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones, en la que se deben tomar decisiones de interés sobre segmentos asignados y condiciones de uso del espectro radioeléctrico, adquiere una importancia capital que nuestros representantes en ella puedan presentar pruebas de que sus peticiones, además de ser propuestas por las asociaciones nacionales, llevan el respaldo de un número importante de usuarios de ese espectro radioeléctrico.
Sumando los participantes, habituales u ocasionales, en los concursos internacionales de más prestigio, eliminando los duplicados, añadiendo los registrados en los log de las expediciones DX de mayor éxito, agregando los que solicitan diplomas de toda índole y teniendo en cuenta a quienes acuden a las llamadas de estaciones en islas, podríamos alcanzar fácilmente unas cuantas decenas de millar de estaciones regularmente activas. Y hay otros aficionados, muchos otros, que no concursan, no coleccionan diplomas e incluso «pasan» de traficar tarjetas QSL y que deberíamos añadir a la cifra de los primeros; pero la escasa centena de millar que lograríamos reunir no se corresponde en absoluto con el millón largo de licencias de radioaficionado que —se dice— hay concedidas a lo ancho del mundo.
Como datos fiables, tenemos que día a día se está reduciendo el número de suscriptores a las revistas de radio, algunas de las cuales ya han debido interrumpir su publicación, mientras en paralelo también disminuye el número de asociados a las organizaciones que agrupan a los radioaficionados. Pero otro de los datos contradictorios es que se está experimentando un aumento constante del número de tarjetas QSL que circulan a través de los burós de las organizaciones nacionales.
Y eso a pesar de la creciente y viciosa costumbre de solicitar las QSL más interesantes solamente “vía directa”, con el obligatorio acompañamiento de cupones IRC (o mejor aún, billetes de a dólar). Otro dato es un crecimiento, suave pero constante, del número de participantes en concursos y diplomas de toda índole. ¿Qué ocurre, pues? ¿Somos menos pero nos hemos vuelto mucho más activos?
Xavier Paradell, EA3ALV
*NOTA: Texto publicado en la editorial Polarización Cero de CQ Radio, número 224 correspondiente al mes de agosto de 2002.