Polarización Cero: CQ Radio
Reflexión sobre 20 años de cambios en la radioafición
En los veinte años transcurridos desde la aparición de CQ Radio Amateur, la situación de los radioaficionados ha experimentado notables cambios, acerca de los cuales no insistiremos porque han sido expuestos en repetidas ocasiones. Pero sobre lo que quizá se ha hablado poco es sobre las consecuencias que esos cambios pueden acarrear a corto y medio plazo en nuestro mundo.
La cohesión entre los radioaficionados supone información. Un radioaficionado aislado, un "lobo solitario", tiene un cometido muy poco brillante en el aire. Obligados a compartir el bien escaso que es el espectro radioeléctrico, nuestra única posibilidad de defender nuestros derechos es actuar en grupo. Y cuanto más grande y cohesionado, mejor. Y eso lo conocieron bien nuestros antecesores, quienes se dotaron de elementos de comunicación en forma de boletines periódicos impresos sobre papel, que les mantenían informados y unidos. El papel impreso y el boca-oreja eran las únicas vías de información.
Hace veinte años, esas vías se vieron incrementadas con un nuevo recurso: el radiopaquete, con el que cualquier operador podía acceder a una gran base de datos con valiosas informaciones de todo tipo. El éxito fue enorme; la red de radiopaquete se extendió por el mundo y empezó a ser posible enviar una pregunta a la red sobre un problema concreto y recibir en poco tiempo varias respuestas y sugerencias. Con publicaciones impresas, ese proceso podía tardar meses.
La ventaja estaba del lado de la red. Una de las aplicaciones que más contribuyó a la difusión del radiopaquete fue el DX Cluster, con avisos de estaciones DX en tiempo real. Y aún estaba por aparecer y extenderse Internet.
La facilidad de obtener respuestas a coste prácticamente "cero" generó un fenómeno que hoy se manifiesta con preocupante extensión: la creencia de que en Internet es posible encontrar todo lo que aparecerá en papel impreso, con antelación y gratis. Pero eso es solo parcialmente cierto. Se ha dicho —y es un estrambote inmisericorde— que Internet está hecho como algunos nidos de pájaros: de paja y excrementos.
Afortunadamente, no es cierto en muchos ámbitos. Pero ni en Internet se encuentra todo, ni todo lo que se encuentra es fiable, ni todo el mundo dispone de un acceso de calidad.
Estoy convencido de que este hábito de muchos radioaficionados de intentar obtener información sin coste aparente contribuye, junto a la disminución de licencias, a la imparable merma del número de lectores de revistas especializadas. Sin suficientes lectores, la pervivencia de algunas publicaciones se vuelve problemática. Ya hemos visto ejemplos recientes de revistas que no han soportado la competencia —¿desleal?— de la información en Internet o de soportes que facilitan la copia y difusión incontrolada.
Si desaparece el soporte en papel, ¿qué quedará dentro de veinte años de la mayoría de informaciones que hoy alberga Internet? ¿Encontrarán las generaciones futuras referencias a acontecimientos locales pero significativos? Y aun existiendo soportes digitales, ¿existirán las máquinas para leerlos? Me permito dudarlo. Eso no es progreso, es una carrera sin meta.